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Linfedema
El linfedema es una acumulación anormal de líquido bajo la piel por mal funcionamiento u obstrucción del sistema linfático, provocando aumento de volumen en zonas del cuerpo. Puede ser primario (de origen congénito u hormonal) o secundario (tras cirugías, cáncer o tratamientos como radioterapia). El linfedema secundario, especialmente tras una mastectomía, causa molestias, pesadez, alteraciones posturales y de movilidad. Su tratamiento principal es la Terapia Descongestiva Compleja (TDC), que incluye cuidados de la piel, drenaje linfático manual, compresión y ejercicio terapéutico. Esta terapia ayuda a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida del paciente.
Lipedema
El lipedema es una enfermedad crónica, inflamatoria y progresiva que causa un acúmulo anormal de grasa en piernas y brazos, afectando casi exclusivamente a mujeres. Se caracteriza por dolor, fragilidad capilar, desproporción corporal y resistencia a dieta y ejercicio, siendo común su confusión con obesidad o linfedema. Su diagnóstico es clínico y se basa en signos como afectación bilateral sin involucrar pies ni manos. Aunque no tiene cura, el tratamiento incluye drenaje linfático, compresión, fisioterapia y, en algunos casos, liposucción especializada. Un abordaje multidisciplinar es esencial para mejorar la calidad de vida.
Drenaje linfático manual
El drenaje linfático manual es una técnica de fisioterapia que utiliza maniobras suaves, lentas y precisas para estimular el flujo de la linfa hacia zonas de depuración del cuerpo. Su objetivo es reactivar la función natural del sistema linfático, que puede verse afectada por acumulaciones anormales de líquidos. Este sistema cumple un papel esencial en la eliminación de desechos celulares y en la defensa inmunitaria, siendo clave para mantener el equilibrio y buen funcionamiento del organismo.
Ejercicio terapéutico
El ejercicio oncológico es una actividad física individualizada y adaptada a las necesidades de personas con cáncer para prevenir o reducir efectos secundarios del tratamiento. Es fundamental realizar ejercicio en todas las etapas del cáncer, desde la prevención hasta la supervivencia, siempre supervisado por profesionales. Estudios muestran que la actividad física puede reducir hasta un 48% el riesgo de desarrollar cáncer y mejora la fatiga relacionada con la enfermedad. Se recomienda al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, junto con ejercicios de resistencia y flexibilidad. En casos como el cáncer de mama metastásico, el ejercicio puede aumentar la supervivencia hasta un 23%.
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